martes, 1 de agosto de 2017

Sobre el estudio de la composición musical y derechos de autor







            Conversando con colegas de otros países y de otras lenguas, hemos llegado a la conclusión que durante el proceso de enseñanza de la composición musical se le dedica poco o casi nada de tiempo a la formación del compositor como garante de sus derechos de difusión y regalías como compositor. Pareciera que lo esencial en la formación del compositor es la generación de la partitura o la grabación electrónica, olvidando que el compositor está obligado a generar un producto que sea más fácil y atractivo de comercializar. Esta problemática estriba en parte, porque en el contexto de los países latinoamericanos no se presta mucha atención a este tema por parte de las compañías o asociaciones destinadas a este fin. En otras palabras, la música de carácter comercial que se expone en cines, radios o televisión, tienen mayor garantía de generar regalías que la música de ‘arte’, ‘erudita’ o ‘académica’.
            A mi juicio, esta circunstancia se debe primero a que la cultura de nuestros países está auspiciada por el estado. En general este tipo de eventos llámese concierto, recital o presentación, no genera una ganancia. Sin embargo, a los intérpretes se les paga. ¿Por qué no al compositor?
            El compositor latinoamericano debe ir aprendiendo además de los artilugios técnicos del oficio y saber relacionarse con los distintos agentes del medio, a cómo obtener la regalía de su creación, bien sea que se esta se presente en la venta de un disco, una partitura, una ejecución o un video.
            En el contexto latinoamericano, salvando las excepciones, no existe una estructura gerencial que se dedique a proteger y sobre todo incentivar el pago de regalías a los compositores que realizan música de arte. En el caso que me atañe, debido a mi país de origen, Venezuela, hay dos obras emblemáticas de compositores venezolanos que se ejecutan casi de memoria: la Cantata Criolla de Antonio Estévez y la Margariteña de Inocente Carreño. En cualquier sociedad medianamente decente, sus descendientes podrían vivir de las regalías que generan estas obras en cuanto a conciertos, difusión en radio y televisión y en producciones discográficas, sin contar las innumerables veces que se venderían o alquilarían las partituras. Pero bueno, cierto que estas cosas son nimiedades viniendo de la patria de Bolívar:

 “Las instituciones perfectamente representativas no son adecuadas a nuestro carácter, costumbres y luces actuales”.  

 [Carta de Jamaica del 6 de septiembre de 1815]. 

            ¡Qué siga la fiesta!

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