lunes, 6 de febrero de 2017

El compositor y su obra en físico






Este post saldrá muy alejado de su fecha de publicación. Mientras lo escribo, domingo 08 de enero de 2017 también habrán pasado varios días desde que pude ver con mis propios ojos y tener en mis manos mis partituras publicadas por la casa editorial norteamericana Cayambis Music Press.

En cualquier país decente bastaría con comprar la partitura vía internet y esperar algunos días para que el buzón contenga la obra que has comprado. Pero yo vengo de Venezuela, un país que simplemente apostó por su destrucción sistemática y que parte de esa destrucción son el control cambiario y el desmantelamiento del sistema postal. A mis amigos gringos y europeos les cuesta mucho entender lo del control cambiario, yo siempre les digo que los dólares sólo se le pueden comprar al estado y que existen muchas restricciones, por eso la única solución de adquirirlos es a través del mercado negro. Pero mis amigos gringos y europeos son políticamente correctos y ampliamente ingenuos y no entienden la problemática o quizás no les interesa entender si pueden disfrutar de una vida de millonario con un puñado de dólares en Venezuela. Es por ello que desistí de explicarles eso. En cuanto al desmontaje del servicio postal lo ven más inaudito. En países como Estados Unidos y Alemania es una cuestión de honor y de certificación institucional utilizar el servicio postal. En España, donde viví con mi esposa por casi año y medio, el servicio postal era uno de los mejores con garantía de 100% en la entrega y seguridad de tu correo. De hecho, traté de buscar trabajo en Correos de España porque trabajar en una institución que funcionaba como un engranaje altamente eficiente debía ser un honor. Realicé la entrevista y me tocó pasar a la siguiente prueba, esa fue la más difícil: poseer documentos para trabajar en España y no los tenía porque simplemente poseía un visado estudiantil como investigador y musicólogo en proceso de la Universidad Complutense de Madrid.

Desde Madrid, y a la par de mis estudios y de la búsqueda de trabajo, estuve contactando a cualquier cantidad de editores para ver si se publicaban mi obra. Creo que envié correspondencia a unas quince casas editoras entre España, Francia y Alemania y me pasó como dice por ahí Roberto Bolaño, comencé a coleccionar rechazos. Un día, el editor de una reconocidísima casa editorial y cuyo nombre me reservo, me entrevistó por Skype y en su perfecto y pulcro inglés me dijo, Luisito, lo que pasa es que tu obra no interesa a ningún editor en Europa, eres latinoamericano y no eres nadie, no has ganado concursos internacionales ni te apadrina un Boulez  o un Rihm, no gastes más dinero en impresión de partituras ni en correos certificados, no vale la pena que te des ese mal trago. Debo confesar que no me dolió, por el contrario, entendí perfectamente de que se trataba de una ley del mercado, hay que tener un producto, una marca, un nombre para poderse ofrecer al mercado. Así que desistí de la idea y nos tocó el regreso a Venezuela. Marzo de 2013, un país arruinado, con el comandante-supremo-intergaláctico transmutado en otra energía y mi esposa, los gatos y yo con una depresión a cuestas. Recuerdo que en 2014 cuando ya no quería escribir más y Venezuela se hundía en ese tiempo perdido que fueron las guarimbas, di todo por perdido en el ámbito de la creación y fue en esa época que me contacta la casa editorial Cayambis Music Press quien me piden obras de mi catálogo las cuales, por cierto, salen en este blog. A Cayambis les gusta y es así como en febrero de 2014 firmo contrato con esta casa editorial. No solo publicaron obras antiguas en mi catálogo como compositor sino que además me encargaron nuevas  obras de entre las cuales le guardo especial cariño a Eremuk y a la Passacaglia homenaje a Béla Bartók.

Pero yo vivía en Venezuela y era imposible que me hicieran llegar las partituras porque desde luego, se iban a perder dentro del país y segundo yo no podía  comprar mis partituras porque la restricción del control cambiario me hacía eso imposible. Era un compositor que publicaba y que por culpa de las políticas de mi propio país no podía tener acceso a comprar mi música. Tuve que mudarme a Gye para poder tener acceso por primera vez en casi tres años a mis obras. El 04 de enero, lo recuerdo bien porque esta finamente registrado en Facebook, mi roommate de entonces, Ana Isabel Villacrés quien por cierto tomó las fotos que adornan esta entrada, subió a nuestro piso un paquete donde la casa editorial Cayambis Music Press me hacía llegar mi música impresa. Esto fue uno de los momentos más felices de mi vida como creador. Para mí fue una gran sorpresa y  la vez una gran dicha poder ver mi música con mis propios ojos.

Sin embargo quiero dejar constancia que existe una cantidad importante de creadores de Cayambis que son venezolanos y que no han tenido la oportunidad de tener sus propias obras por la situación de agonía económica que vive el país. Ójala las cosas cambien algún día, porque ni siquiera en las bibliotecas de Venezuela, ni en sus conservatorios y mucho menos en sus universidades quedará registro de la edición de esta música que a pesar de las circunstancias sigue siendo música venezolana.






lunes, 9 de enero de 2017

Sobre el encargo de composiciones musicales y los problemas derivados



Pienso al igual que Stravinsky que crear una obra bajo la figura de comisión es una de las mejores cosas que me puede pasar como compositor. 

Limitar el tiempo, la instrumentación, el estilo y hasta la dificultad, lejos de cercenar mis ansias creadores me incentiva a buscar soluciones técnicas y estéticas en pro de desarrollar una coherente obra de arte.
En “Eremuk”, por ejemplo, la limitante consistió en elaborar una obra de diez a quince minutos con un cantante. El texto debía ser indígena. Yo elegí unos textos de la poesía pemón. La instrumentación era para flauta, clarinete, fagot, tenor, píano, violín, violoncello y contrabajo. Creo que quedó bien y es una de mis obras favoritas.

Actualmente, estoy trabajando una cantata con textos de poetas latinoamericanos y es para coro de voces blancas y orquesta sinfónica. Pero aquí vienen las verdaderas limitantes. Además de pensar en una composición que sea de fácil ejecución, pensada para una orquesta sinfónica de corte infantil-juvenil; la sección de maderas tenía que manejar una disposición incompleta. Me explico, en los libros de instrumentación y en las grandes obras maestras de la composición musical, las maderas siempre van en igual densidad. Si son maderas a 2, pues todo es a 2: 2 flautas, 2 oboes, 2 clarinetes y 2 fagotes. Pero en esta obra que me han comisionado, las maderas van a 2 menos los fagotes que deberá ir a 1. Aquí he tratado de solucionar el equilibrio duplicando la fila de violoncellos con el fagot o en algunos casos que la línea duplicada de oboes y flautas vayan a 1. En mi imaginación creo haberlo logrado. Sin embargo, la práctica real me mostrará los resultados pues influirá la acústica, el instrumentista, el instrumento y hasta la caña.
Otro tanto me pasa con los vientos madera. La obra debe ser compuesta con unas limitantes bastantes interesantes. Debe estar la sección completa de metales (4 cornos, 3 trompetas, 3 trombones y 1 tuba) pero la orquestación debe ser diseñada para funcionar con menos de la mitad de esa instrumentación: 2 cornos, 2 trompetas y 2 trombones.

Evidentemente, esto me crea un desequilibrio en el balance, el cual he tratado de blindarlo duplicando en vientos madera en ocasiones que falten estos instrumentos y sobre todo, dejando bien escrito el tratamiento armónico en manos de la cuerda. La cuerda, como siempre, salvadora de posibles desbalances de la orquestación.



Ya les contaré como quedó. Eso sí, si se llega a estrenar.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Sobre procesos de composición musical



El proceso de creación de una obra es incierto. 

A veces la obra surge de la nada. Otras veces la busco y no la encuentro. En ocasiones se trata de encontrar la obra como una roca de mármol y hay que comenzar a tallar, tallar y tallar. Darle forma. Ir limando. Ir puliendo.

En la música tonal la armonía funciona como un excelente elemento estructurador de la forma. Si no, revísese Funciones estructurales de la armonía de Arnold Schoenberg; libro emblemático que va desenmascarando la forma y la estructura en el ámbito del sistema tonal.

Con el atonalismo la cosa es bien distinta. Desde luego que hay que defirnir la forma, pero ya los acordes no serán exclusivamente las bases y sustentos del pensamiento musical.