sábado, 15 de julio de 2017

II Encuentro Internacional de Investigación en Artes – Universidad de las Artes del Ecuador. Guayaquil. 21,22 y 23 de junio de 2017






El primer Encuentro Internacional de Investigación en Artes se dio en noviembre de 2016. Yo estaba recién llegado al Ecuador y a la universidad y dicho evento confluyó con el primer festival de Interactos, por lo cual, al mismo tiempo que arreglaba mis papeles, daba clases, asistía a eventos de Interactos, se estaba presentando de manera simultánea este Encuentro. No recuerdo nada del primer encuentro porque todo era nuevo y confuso para mí. Afortunadamente, este año se dedicó unos días de manera exclusiva para dedicárselo a este evento que contó con la presencia de importantes figuras de la investigación en/sobre/para/con las artes.
            El encuentro de este año estuvo dividido en tres días, cada día teníamos una temática diferente. El día 21 de junio la temática fue Artes, Política y Sociedad. El segundo día giró en torno a Artes, Interculturalidad y Derechos Culturales y el último día fue sobre Artes y Ciudades Creativas: urbanismo en América Latina. Simultáneamente a estas actividades hubo una gran cantidad de instalaciones, talleres, performances y conciertos que nutrían la agenda de actividades del Encuentro.
            Este evento fue producido por el Laboratorio y Centro de Innovación Cultural en conjunto con el Instituto Latinoamericano de Investigación en Artes ambos coordinados y organizados bajo la tutela de la Universidad de las Artes. Asimismo, se contó con la participación de la Pontificia Universidad Javeriana (Colombia), Universidad de Costa Rica, Universidad Nacional Autónoma de México, Universidad Nacional de Colombia, Unesco, Universidad de Medellín, Universidad Nacional de Tres de Febrero (Argentina) y el Hemispheric Institute de Performance y Política (Estados Unidos, Canadá y México).
Por pura casualidad participé en la mesa ‘Sintomatólogos del Antropoceno: pensamiento artístico crítico y clínico de las huellas humanas’. Dicha mesa fue producto de un seminario que realizamos bajo la guía del PhD Paolo Vignolo en el cual estuvimos discutiendo durante varias semanas el fenómeno conceptual, teórico y práctico del antropoceno. En nuestra mesa estuvimos Paolo Vignola como moderador y participamos como conferencistas Jaime del Val (España), Javier Collado Ruano (Universidad de Cuenca), David de los Reyes, Juan Benavides y mi persona en representación de la Universidad de las Artes.
El evento estuvo muy bien organizado. Los trabajos presentados estuvieron a la altura de la organización y los invitados nacionales o internacionales fueron un verdadero lujo. Quizás hizo falta una mayor cantidad de máquinas para café y té; además, quizás el para el próximo año será necesario ubicar otro auditorio pues creo que en algún momento habíamos casi quinientas personas en un espacio diseñado para trescientas. Aún con estos comentarios reitero que fue un éxito porque además fue masiva la participación de estudiantes, artistas, docentes y público en general.


 Foto 1. Mesa antropocénica. De izquierda a derecha: Luis Pérez Valero, Jaime del Val, Paolo Vignolo, Javier Collado Ruano, David de los Reyes y Juan Benavides.
 
 Foto 2. Una perspectiva que permite apreciar la cantidad de público.


 Foto 3. David de los Reyes viendo la presentación y Juan Benavides en plena lectura de su ponencia.






 Foto 4. Yo leyendo mi ponencia sobre Deleuze, la música vocal contemporánea y el antropoceno.

lunes, 19 de junio de 2017

Mixtura’17 Conferencia latinoamericana de estudios en cultura y música – Universidad San Francisco de Quito – Cumbayá, Ecuador 8 y 9 de junio de 2017 (¿podrá el rock and roll salvar a la academia?)





         El diseño del programa de Mixtura'17 fue impecable. Sencillo, minimalista y sobre todo de buen gusto.

   Había querido conocer Quito desde que llegué a Ecuador. Entré por Guayaquil e inmediatamente comencé a trabajar como docente e investigador en la Universidad de las Artes. Me habían comentado maravillas de Quito, sobre todo de su arquitectura colonial, de sus centros nocturnos y de su alto nivel y variedad en cuanto a movida cultural se refiere. Así que participar como ponente en Mixtura’ 17 se presentaba como una oportunidad para conocer la ciudad.
Para llegar en transporte público a Cumbayá en donde está la Universidad de San Francisco de Quito, hay que coger en la estación de Rio Coca el autobús que va a Cumbayá. Si no hay tráfico en 15 minutos uno se encuentra en la parada del Centro Comercial San Francisco, se ve a mano izquierda yendo desde Quito. Uno se queda en la parada, cruza la avenida y allí mismo está la entrada principal de la Universidad de San Francisco.
            El congreso de Mixtura ’17, como buen evento de pensamiento artístico, social y cultural, lejos de responder y aclarar dudas generaba muchas preguntas y cuestionamientos. ¿Puede el rock and roll ser útil y salvar a la academia? ¿Cómo se difundirá y se venderá la música en los próximos cinco años? Los derechos de autor, ¿serán una ayuda o un estorbo para la generación de nuevas propuestas? ¿Está viva la música de origen africano en los mass media de la nación?
            Mixtura’17 fue un evento organizado por el decanato de comunicación de la Universidad de San Francisco con sede en Cumbayá, es decir, a las afueras de Quito. En el congreso se dieron cita respetables y destacadas figuras de la producción musical y la comunicación quienes dedicaron su tiempo para disertar sobre la actualidad y el futuro de la música desde los distintos tópicos de la cultura.
En Mixtura’17 se dieron cita la DJ Riobamba Sara Skolnick con su ponencia sobre Creación, identidad y diáspora digital y un taller sobre Identidad, política y música digital. Estuvo también Jez Collins de la Universidad de Birminghan con su ponencia titulada Don´t do it yourself, do it together! En lo personal me impresionó porque este investigador estuvo algunos meses en Caracas estudiando el movimiento del Hip Hop y es un poquito triste enterarse fuera de tu país de las cosas maravillosas que hay. Estuvo presente también el profesor Kembrew McLeod, de la Universidad de Iowa con su ponencia Sampling, Licensing and Freedom of Expression: Surveying and Critiquing the Contemporary Copyright Clearance System, el maravilloso mundo del Copyright y Copyleft.
Dentro de las conferencias pudimos escuchar a Atawallpa Díaz Ricaurte con su presentación sobre Geopolítica de la cultura. Francisco Valdivieso (AKA Fabrikante) nos mostró un mundo extraordinario a través de su propuesta de sonidos orgánicos. La conferencia de Danilo Arroyo fue para mí especialmente reveladora. Su conferencia Experiencia Tsáchila me ha incentivado a estudiar y explorar la música de Santo Domingo de Tsáchila y quizás me lance algunos días para grabar in situ esta música ancestral.
Los conversatorios estuvieron divididos por temáticas. El primer conversatorio fue sonre Tecnología y derechos de propiedad intelectual, dictado por Willy Mena, Edgar Castellanos y Jorge Asanza. El segundo conversatorio fue sobre Música e identidades en transformación, con Lindberg Valencia, Caye Cayejera y Alejandro Mendoza.
El primer día hubo tres mesas simultáneas de ponencias académicas en donde  se tocaron las siguientes líneas de investigación. En la mesa 1: Música, gestión y producción, estuvieron Marcelino Sedano con el tema: “El underground sinestésico: cultura tecno, desindustrialización y performance audiovisual digital”; Vanesa Bonilla con su ponencia “De la industria cultural a las políticas públicas: aproximaciones a la construcción de una política cultural en Ecuador”. Miguel Ángel Armenta López con “Gestión de redes y circuitos para festivales: Del ¡Hazlo tú mismo! Al ¡Hagámoslo juntos!” y por último, Miguel Loor y Juan Pablo Viteri con “Medios, gestión e investigación de música independiente”. Esta mesa prometía y creo que fue una en la que hubo mayor cantidad de asistentes. Lo malo de mesas simultáneas es que aparece el fenómeno económico de ‘costo de oportunidad’, es decir, si vas a un evento, te pierdes del otro y hay que tomar la decisión adecuada según tus gustos e intereses. La mesa 3 fue de Música e identidades en transformación (hablaré de la Mesa 2 más adelante pues en ella yo estaba metido con mis mujeres tropicales). En la mesa 3 participó Laura Mercedes Martínez Salcedo con “El canto como una práctica de memoria y reproducción de la vida cotidiana campesina en Las Pavas. Colombia”; Inkarri Kowii con “La música como escenario de los cambios culturales kichwas: una lectura desde el Tinkuy”; Pablo Rodríguez con “Encuentro de ritmos tradicionales ecuatorianos con distorsiones del mundo”; Delfina Magnoni con “Música, paisaje sonoro y relaciones de alteridad: experiencias compartidas con los Napo Runa”.
En la Mesa 2 dedicada a Música e identidades en transformación estuvimos María Fernanda López Jaramillo con su ponencia “Hacer punk en el puerto o como me convertí en una sabandija de la 18. Breves aproximaciones a la movida under en Guayaqui, Ecuador”. Ignacio Espinosa con “Retando la reproducción de desigualdades: ‘la fiesta’ en Quito”. María Cecilia Picech con “Yo soy la Escuelita, el futuro, la esperanza de mi vida: el Hip-Hop como ‘palanca’ personal y colectiva de jóvenes en Quito”. Y estuve yo con la ponencia: “Cuatro casos de estudio sobre la figura de la mujer en la música tropical entre los años 40 y 60”. Nuestra mesa a pesar de que parecía que los temas no se tocaban, llegaron a estar más interconectados de lo que realmente parecía. En lo personal sentí que como grupo nos integramos muy bien y cuando se abrió el espacio para el debate llegamos a conclusiones similares a pesar de la diversidad de los tópicos tratados. Fue para mí un verdadero honor haber compartido con tan excelentes investigadores y haber conocido a María Fernanda quien es mi colega en la Universidad de las Artes y trabajó un tópico que yo había abordado el semestre pasado como lo era el punk como fenómeno social, político y cultural.

 Los miembros de la mesa 2, de izquierda a derecha: Ignacio Espinosa, María Fernanda López Jaramillo, María Cecilia Picech y yo. 

El congreso estuvo excelente, tanto así, que no me quise perder ni un momento de las actividades y conferencias que habían a lo largo del evento. Esto fue negativo en cuanto a mis intereses de conocer la ciudad, pues dediqué tiempo a trasladarme en la Ecovía e incluso realicé el trayecto Terminal Río Coca  hasta la Terminal de Quitumbe. Tardé casi tres horas en trasladarme por transporte público (Ecovía) porque era viernes 6:00 pm de la tarde. Llegué a Quitumbe a las 9:00 pm justo para comprar el último boleto que salía para Guayaquil a las 9:30 pm, llegando a Gye a las 5:30 am.
Descubrí que Mixtura’17 era el primer evento con esas características que realizaban los organizadores, al parecer, anteriormente habían hecho ‘mixturitas’, eventos pequeños pero le auguro un éxito y una proyección contundente en los próximos años.



 Este perro me lo topé varias veces por la Universidad San Francisco, realmente habían dos iguales. Han sido los perros más grandes que he visto hasta ahora, no se aprecia el tamaño en la foto, pero aquí lo dejo como recuerdo.
 

lunes, 6 de febrero de 2017

El compositor y su obra en físico






Este post saldrá muy alejado de su fecha de publicación. Mientras lo escribo, domingo 08 de enero de 2017 también habrán pasado varios días desde que pude ver con mis propios ojos y tener en mis manos mis partituras publicadas por la casa editorial norteamericana Cayambis Music Press.

En cualquier país decente bastaría con comprar la partitura vía internet y esperar algunos días para que el buzón contenga la obra que has comprado. Pero yo vengo de Venezuela, un país que simplemente apostó por su destrucción sistemática y que parte de esa destrucción son el control cambiario y el desmantelamiento del sistema postal. A mis amigos gringos y europeos les cuesta mucho entender lo del control cambiario, yo siempre les digo que los dólares sólo se le pueden comprar al estado y que existen muchas restricciones, por eso la única solución de adquirirlos es a través del mercado negro. Pero mis amigos gringos y europeos son políticamente correctos y ampliamente ingenuos y no entienden la problemática o quizás no les interesa entender si pueden disfrutar de una vida de millonario con un puñado de dólares en Venezuela. Es por ello que desistí de explicarles eso. En cuanto al desmontaje del servicio postal lo ven más inaudito. En países como Estados Unidos y Alemania es una cuestión de honor y de certificación institucional utilizar el servicio postal. En España, donde viví con mi esposa por casi año y medio, el servicio postal era uno de los mejores con garantía de 100% en la entrega y seguridad de tu correo. De hecho, traté de buscar trabajo en Correos de España porque trabajar en una institución que funcionaba como un engranaje altamente eficiente debía ser un honor. Realicé la entrevista y me tocó pasar a la siguiente prueba, esa fue la más difícil: poseer documentos para trabajar en España y no los tenía porque simplemente poseía un visado estudiantil como investigador y musicólogo en proceso de la Universidad Complutense de Madrid.

Desde Madrid, y a la par de mis estudios y de la búsqueda de trabajo, estuve contactando a cualquier cantidad de editores para ver si se publicaban mi obra. Creo que envié correspondencia a unas quince casas editoras entre España, Francia y Alemania y me pasó como dice por ahí Roberto Bolaño, comencé a coleccionar rechazos. Un día, el editor de una reconocidísima casa editorial y cuyo nombre me reservo, me entrevistó por Skype y en su perfecto y pulcro inglés me dijo, Luisito, lo que pasa es que tu obra no interesa a ningún editor en Europa, eres latinoamericano y no eres nadie, no has ganado concursos internacionales ni te apadrina un Boulez  o un Rihm, no gastes más dinero en impresión de partituras ni en correos certificados, no vale la pena que te des ese mal trago. Debo confesar que no me dolió, por el contrario, entendí perfectamente de que se trataba de una ley del mercado, hay que tener un producto, una marca, un nombre para poderse ofrecer al mercado. Así que desistí de la idea y nos tocó el regreso a Venezuela. Marzo de 2013, un país arruinado, con el comandante-supremo-intergaláctico transmutado en otra energía y mi esposa, los gatos y yo con una depresión a cuestas. Recuerdo que en 2014 cuando ya no quería escribir más y Venezuela se hundía en ese tiempo perdido que fueron las guarimbas, di todo por perdido en el ámbito de la creación y fue en esa época que me contacta la casa editorial Cayambis Music Press quien me piden obras de mi catálogo las cuales, por cierto, salen en este blog. A Cayambis les gusta y es así como en febrero de 2014 firmo contrato con esta casa editorial. No solo publicaron obras antiguas en mi catálogo como compositor sino que además me encargaron nuevas  obras de entre las cuales le guardo especial cariño a Eremuk y a la Passacaglia homenaje a Béla Bartók.

Pero yo vivía en Venezuela y era imposible que me hicieran llegar las partituras porque desde luego, se iban a perder dentro del país y segundo yo no podía  comprar mis partituras porque la restricción del control cambiario me hacía eso imposible. Era un compositor que publicaba y que por culpa de las políticas de mi propio país no podía tener acceso a comprar mi música. Tuve que mudarme a Gye para poder tener acceso por primera vez en casi tres años a mis obras. El 04 de enero, lo recuerdo bien porque esta finamente registrado en Facebook, mi roommate de entonces, Ana Isabel Villacrés quien por cierto tomó las fotos que adornan esta entrada, subió a nuestro piso un paquete donde la casa editorial Cayambis Music Press me hacía llegar mi música impresa. Esto fue uno de los momentos más felices de mi vida como creador. Para mí fue una gran sorpresa y  la vez una gran dicha poder ver mi música con mis propios ojos.

Sin embargo quiero dejar constancia que existe una cantidad importante de creadores de Cayambis que son venezolanos y que no han tenido la oportunidad de tener sus propias obras por la situación de agonía económica que vive el país. Ójala las cosas cambien algún día, porque ni siquiera en las bibliotecas de Venezuela, ni en sus conservatorios y mucho menos en sus universidades quedará registro de la edición de esta música que a pesar de las circunstancias sigue siendo música venezolana.